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"En realidad, Israel es un país pequeño y extremadamente dependiente del resto del mundo"

Crónica de la charla de Jesús Núñez (director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria) y Michel Warchawski (activista israelí y fundador del Alternative Information Center) en Traficantes de Sueños, Madrid

Miércoles 20 de enero de 2010

Con el salón de actos de la Librería Traficantes de Sueños lleno hasta la bandera comenzaba poco después de las siete y media de esta tarde la charla organizada por la Red Estatal de Solidaridad con Palestina con motivo del aniversario de la agresión israelí a Gaza (aunque aquí cabría puntualizar "la del año pasado", pues vergonzosamente, parece ser ya una noticia habitual que cada cierto tiempo el estado sionista y genocida cometa este tipo de tropelías; sin ir más lejos, este año ha comenzado también con bombardeos). Isaías Barreñada, politólogo especialista en el mundo árabe, ha ejercido de anfitrión presentándonos a los dos participantes en esta "charla a dos bandas".

En primer lugar ha intervenido Jesús Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, quien nos ha dibujado un interesante mapa de los distintos actores en este conflicto, desde una perspectiva de política internacional. Ha iniciado su intervención reconociendo que su visión "es claramente pesimista a día de hoy", después de sesenta años de conflicto y un sinnúmero de planes para la zona. Esto agravado además por el hecho de que ya ha caído la atención mediática al conflicto. "Parece que estamos esperando una nueva tragedia para que vuelvan los titulares", apuntaba Núñez con amargura. Pese a este pesimismo, el experto en seguridad internacional y construcción de la paz sigue considerando necesario volver a insistir sobre esta cuestión, para intentar buscar "una paz justa y duradera para la zona". Para Núñez, dicha paz debe incluir dos condiciones básicas: el fin de la ocupación israelí del territorio palestino (algo que hoy en día se encuentra bastante lejos) y que de esa paz puedan surgir dos estados viables, "y hablar de esto después de años de deconstrucción israelí nos debe mover a no rebajar un ápice las demandas".

Para Núñez, el esfuerzo necesario para llegar a esa situación debe partir de las partes directamente implicadas, y lo cierto es que el panorama no es nada halagüeño: en la parte árabe seguimos encontrándonos la debilidad y división en el seno de la Liga Árabe, en la palestina existe un enfrentamiento entre diversos sectores, y en la israelí el panorama está copado por la ultraderecha más intransigente.

Por este motivo, se hace imprescindible la actuación de los actores externos. Y aquí, a juicio del experto, la situación de partida no parece mucho mejor. En primer lugar, el Cuarteto para Oriente Próximo, integrado por EEUU, la Unión Europea, Rusia y la ONU, no demuestra tener hoy capacidad de maniobra propia ni nada que aportar. Lo mismo cabría decir de la ONU por su cuenta, pues "no le dejan". La Liga Árabe, por su parte, quedó "desactivada y desprestigiada como mediador" desde la segunda Guerra del Golfo (1991). Por otra parte, EE.UU., según Núñez, "era, es y es previsible que siga siendo el único actor con capacidad para influir sobre los actores directamente implicados" y llevarlos a alguna mesa de la que se pudiera conseguir un cambio en la dinámica de la zona. Pero la Administración Obama generó al principio de su mandato expectativas de que iba en serio en su voluntad de impulsar una solución al conflicto, expectativas que esta misma Administración se encargó pronto de dejar claro que eran un espejismo. "Los EE.UU. actuales ya no tienen ninguna capacidad de hacer nada útil", concluyó Núñez.

Para terminar este repaso a los actores externos, según el director del IECAH, "la UE quiere, pero no puede". Y es que "el balance de la UE en este tema es claramente insatisfactorio. Es el principal donante de ayuda al pueblo palestino, pero es secundario a nivel político". Y esto, pese a que la UE fue el primer actor que reconoció el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y a la OLP como interlocutor válido. Pero, para Jesús Núñez, la UE tiene hándicaps de partida: Israel sabe que por mucho que le chille, no tiene voluntad de aprobar nada contra el estado sionista (pues tiene países con "culpas históricas" no superadas). Si a esto añadimos que no existe una política exterior ni de seguridad comunes, sino distintas políticas nacionales, podemos concluir que la UE "no tiene capacidad para nada".

Además, abundó Nuñez, "siendo lo más optimista posible", hay que apuntar que la UE siempre necesita tiempo para ponerse en marcha (lo hemos visto en Haití). "Y tiempo es lo que no tenemos: el tiempo corre a favor de Israel", que va añadiendo hechos consumados (más kilómetros de muro, más anulaciones de permisos de residencia en Jerusalén...). Esto hará que "cuando nos sentemos, sólo se negociarán pequeñeces", no sobre un pueblo, sino sobre una minoría étnica más.

"Por estos motivos", concluyó Núñez, "me resulta imposible presentarles un escenario más positivo, y creanme que me sobran ganas de equivocarme en todo y ser el analista político más inútil".

A continuación intervino Michel Warchawski, activista israelí y fundador del Alternative Information Center, una organización israelo-palestina dedicada al análisis crítico, la difusión de información y la incidencia política sobre la ocupación de Palestina y las sociedades israelí y palestina. Warchawski comenzó aludiendo al pesimismo de Jesús Núñez para advertirnos de que él no iba a ofrecernos el otro plato de la balanza, pues coincide en dicho pesimismo.

Pensando en algún título para su charla, el único que le ha venido a la cabeza es, parafraseando a Dostoievski, el de "Crimen y castigo". Para empezar por el "crimen", comentó que todo el mundo fue testigo de éste a través de los medios de comunicación. Este crimen le supuso un shock importante, en el que ha estado pensando todo el año, pues la brutalidad del ataque israelí a Gaza fue tal que cuesta trabajo entender qué pretendían con tal exceso de violencia. Una violencia "no funcional", pues no parece tener función alguna. La única explicación a esto la puede encontrar en las declaraciones de la Ministra de Asuntos Exteriores israelí, en el sentido de que "podemos actuar como locos, rompiendo cualquier barrera", con total impunidad.

Para analizar este fenómeno, según el activista israelí, hay que preguntarse qué es Gaza, a nivel político, para el gobierno sionista. Gaza, para ellos, "no es un país, una sociedad... Sino una cosa. Gaza es algo así como una entidad terrorista hostil", por lo tanto, es una amenaza, una bomba, y todo gobierno israelí tiene que hacer todo lo posible por neutralizarla, destruirla. En términos no políticos, sino en el inconsciente de la sociedad israelí, desde 1948 se plantea Gaza como "un gran campo de refugiados", lo que lo convierte en una doble amenaza. Ya no es sólo la bomba, sino también la amenaza del retorno de los refugiados (lo que supone la aparición del "o ellos o nosotros").

Volviendo a las variables políticas, a Warchawski le parece llamativo que esto ocurra justo después de la elección de Obama para la presidencia de los EE.UU. El activista ve en el ataque israelí un toque de atención para dejar claro a la nueva Administración USA que Israel es el actor principal en Oriente Próximo, y que ellos deciden lo que ocurre allí. En esta perspectiva cabe identificar el ataque como una muestra del gobierno israelí de lo que son capaces.

Y hay un rasgo en esta agresión que preocupa especialmente a Warchawski: se trata de la primera acción de estas características, en mucho tiempo, que es apoyada por la sociedad israelí casi en pleno. Esto, más propio de los años cincuenta y sesenta, cambió con la invasión israelí del Líbano en 1982, "que creó una división en la sociedad que llegó hasta el mismo ejército y creó un amplio debate y el surgimiento de un movimiento por la paz" (independientemente de a qué se refirieran con "la paz", que es otra cuestión). Para Warchawski, la reacción de la opinión pública israelí ante la agresión a Gaza "vendría a recrear algo del mandato que sintió Ehud Barak años después del asesinato de Isaac Rabin: la unidad nacional". Reconquistar lo poco que consiguieron los palestinos en los Acuerdos de Oslo. Gaza demuestra que esta pretensión ha alcanzado el éxito: "lo ha conseguido".

Y llegamos al "castigo", que según Warchawski "ha sido para aquellas partes más moderadas de la política israelí, porque tras las últimas elecciones todo el parlamento es extrema derecha o extrema extrema derecha. No hay izquierda, ni siquiera en el sentido de la ’izquierda israelí’. Y el castigo es, entre otros, nuestro gobierno: una banda de pequeños delincuentes, gente muy vulgar. Llama la atención la vulgaridad como valor central, lo que les hace extremadamente peligrosos"

Pero aquí hace un pequeño giro el activista israelí, con la pregunta retórica de "¿debemos ser totalmente pesimistas?". Bueno, según Warchawski, "hay algunas cosas que se pueden decir a este respecto: en primer lugar, no hay que subestimar la importancia que tuvo la colosal movilización en todo el mundo contra la agresión de Gaza. Hubo mucha gente que salió a la calle antes incluso de que se organizase nada. En segundo lugar, si nos fijamos en el conjunto del mundo islámico, asistimos también a una movilización sin precedentes en toda la nación árabe, en todo el Islam, incluso en países que habían intentado políticas apaciguadoras con Israel, cuyos gobiernos no pudieron contradecir a su pueblo ni pasar página".

"Y lo cierto es que estamos hablando del conjunto de la opinión pública internacional, moviéndose por los derechos de los palestinos. Tenemos una movilización popular masiva, en contraste con la inactividad de los actores políticos. Es curioso que los políticos occidentales hablen de la falta de democracia en los países árabes...", apuntó Warchawski, ácido.

Finalizó promoviendo la campaña internacional: "Pero hay una buena noticia, y responde a las siglas BDS" ("boycott, divestment and sanctions"; boicot, desinversión y sanciones, en castellano). Esta campaña, que surge recogiendo la demanda del pueblo palestino, está inspirada en la campaña de boicot y sanciones a la Sudáfrica del Apartheid. Warchawski destacó: "es, por primera vez en mucho tiempo, una contraofensiva, Ya no se trata sólo de informar y difundir; es contraatacar y hacerles pagar un precio por lo que están haciendo, que continuará mientras no respeten la legalidad internacional. Es estupenda, porque permite actuar a todo el mundo: gobiernos, inversores, sindicatos, iglesias, gente de la calle...". Michel Warchawski se despidió de nosotros advirtiéndonos: "no tengáis miedo de seguir esta campaña; no temáis las previsibles acusaciones de ’antisemitismo’. Es el eterno chantaje de Israel. Ante esta acusación, dos recomendaciones: preguntaros si sois racistas, examinaros, y cuando tengáis claro que no lo sois, decidle a todo el mundo: ’no soy antisemita, no voy a aceptar ningún tipo de chantaje en este sentido..." [Y con énfasis] "FUCK OFF!!!!" ["¡¡¡que os jodan!!!"].

Antes de marcharse, nos dejó una advertencia de la efectividad de BDS (y un titular estupendo): "En realidad, Israel es un país pequeño y extremadamente dependiente del resto del mundo"

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